Agrotóxicos, una lacra en Argentina

El arte como forma de expresión y comunicación de las emociones humanas ha servido desde hace miles de años para transmitir esos sentimientos, tan propios del hombre, como son el amor, el dolor, la muerte o la desesperación. Quienes mejor que Goya o Pablo Picasso supieron transmitir por medio de sus pinturas, la sinrazón de las guerras y otras formas de barbaries de nuestra especie.

En nuestro siglo, la era de las comunicaciones, de los ritmos vertiginosos que nos atrapan en la globalización, son otras formas, igualmente de una belleza abrumadora, las que muchas veces, captan la atención. La fotografía es una de ellas. Este medio ha dado en las últimas décadas artistas de la talla del brasileño Sebastião Salgado y del argentino Pablo Ernesto Piovano. Y es que estos artistas han sabido retratar la naturaleza devastada por el hombre en el primer caso, o el reflejo de las enfermedades causadas por el uso inadecuado de la química sintética en el segundo.

Piovano, fotografía de una manera, casi irreal, como si los personajes que pueblan sus retratos, en su mirada directa al objetivo, quisieran, aunque mudos, transmitirnos su dolor silencioso. Esta mirada expresionista, con nulos colores, tiene en el monocromo su aliado a la negrura del alma humana.

Su obra más impactante, denominada “agrotóxicos”, es una denuncia y un grito de auxilio, para todas aquellas cientos de familias afectadas por el uso de pesticidas y productos tóxicos que se vienen utilizando a lo largo de bastas extensiones en Argentina.

Las autoridades sanitarias argentinas, sostienen que el glifosato, el principal causante del daño y que podrían existir más de trece millones de personas bajo su influencia. De hecho, algunas regiones, se triplico el cáncer infantil, crecieron hasta un 400% los abortos y las malformaciones en los nacimientos.

Existe una controversia en todo este asunto. Y es que en un principio, hacia la primera mitad de los noventa, la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) la Organización Mundial de la Salud (OMS), clasificaron esta sustancia dentro de la Clase III de “baja toxicidad”. Hasta tal punto que incluso se utilizaba este en muchas ciudades con el fin de evitar el crecimiento descontrolado de las hierbas. Claro que entonces no se consideraba la posibilidad de las filtraciones en aguas de drenaje.

Sentada esta categorización, más el apoyo de estudios en laboratorios independientes con conclusiones de dudosa veracidad, la vía se encontraba libre para el uso de este tipo de sustancia en cultivos de transgénicos (maíz o soja), tabaco, etc. De hecho, este campo de experimentación, supuso una inversión en el 2012 para Argentina de 21 millones de hectáreas sembradas con semillas transgénicas (un 60% de la superficie cultivable del país). Esto suponía un consumo de unos 370 millones de litros de este herbicida.

Existen muchas familias azotadas por esta lacra. Una de ellas es la familia de cándida Rodriguez. Su hija, Fatima, le diagnosticaron un año de vida, debido a una enfermedad llamada hidrocefalia (aumento anormal de la cantidad de líquido cefalorraquídeo en el cerebro) y acompañada con un retraso mental irreversible (ver fotografía). Durante el embarazo, los padres manipulaban glifosato en las plantaciones de tabaco. En esta misma zona, fueron detectadas 1200 personas con labio leperino (hendidura del labio superior), hidrocefalia y otras discapacidades.

Además de esta circunstancia más directa, otros daños causados directamente por la agricultura fueron la tala intensiva e indiscriminada de masas forestales y el aumento de la polución debida al uso de vehículos agrícolas con el uso de combustibles de motores de explosión.

Con el cambio de siglo, en junio de 2011, el glifosato fue incluido entre los Agentes de Contaminación Orgánica Persistente por la Convención de Estocolmo. Y lo más importante, en 2015,  la Unión Europea, han clasificado este químico como “peligroso para el medio ambiente” y “tóxico para los organismos acuáticos”. Esto hizo que unos 74 países prohibieran su aplicación de cualquier tipo (urbano y agrícola). Menos Argentina.

En España, algunas grandes ciudades se han sumado a la completa eliminación en el uso de herbicidas con glifosato en parques, jardines y carreteras como es el caso de Barcelona, Zaragoza, Valencia o Tarragona. Pese a ello, aún existe la comercialización de productos como el Roundup (nombre comercial puesto por Monsanto, la principal productora) que contiene en su composición este cancerígeno y muchos particulares lo compran con un desconocimiento de lo peligroso que puede llegar a ser.

Piovano, el hombre, el artista, su arte, el claro reflejo de la desesperación de todos aquellos que lo han perdido todo. Acabar estas líneas con una frase de  Pablo, “despertemos la conciencia sobre el cuidado de nuestra tierra y nuestra gente”.

[Agradecimientos: La foto está tomada de una exposición en FNAC de Barcelona, en el que se mostraban obras de Fotopress, entre ellas, las del fotógrafo Pablo Ernesto Piovano, finalista. Mi más sincero agradecimiento por la atención y su permiso para mostrar los crudos efectos de los agrotóxicos en la fotografía del presente post]
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