Vivir sin plástico

Recientemente se han visto imágenes por los canales nacionales que sobrecogen el alma, ver animales muertos con los estómagos hinchados de  plásticos o la isla cubierta de miles de toneladas de este deshecho inútil creado por el hombre. Parecen imágenes de un futuro capturadas para llamar la atención al hombre del presente de lo que podrá pasar dentro de algunos años. Pero nada más lejos de la realidad. Es el ahora, está pasando y puede tener un desenlace realmente crítico si no lo frenamos a tiempo.

Es lógico pensar que las naciones han de unir sus fuerzas para tomar conciencia de lo innegable, consensuar soluciones y al menos mitigar el avance del deterioro ambiental por este residuo no biodegradable. Pero afortunadamente algo se está removiendo en la conciencia de algunos ciudadanos, que apartándose de la impasibilidad, deciden actuar.

He tenido la oportunidad de conversar con una pareja excepcional, Patricia y Fernando, que han optado por el camino del activismo de suprimir el consumo de plásticos. Por lo menos lo están consiguiendo hasta unos valores altamente significativos. Este pensamiento que sigue la estela de  la corriente de “zero waste”, ha dado pie a la entrevista que a continuación tendréis la ocasión de leer.

La primera pregunta que se le puede venir a la cabeza al lector es, ¿por qué vivir sin plástico?

Hay muchísimos motivos para evitar el plástico y enumerarlos todos a lo mejor resulta un poco largo pero nosotros el motivo principal por el que decidimos empezar fue medioambiental. Los océanos están ahogados en plástico y cada vez es más frecuente ver en las noticias que ha aparecido una ballena muerta con el estómago lleno de plástico. Puede que lo que hacemos no vaya a cambiar el mundo pero nuestra conciencia no nos permitía seguir contribuyendo a eso.

También hay personas  que comienzan por motivos de salud ya que muchos componentes de los plásticos son disruptores endocrinos y afectan al sistema hormonal. Además, no debemos olvidar que el plástico es un derivado del petróleo que es una industria altamente contaminante.

¿Qué es lo que motivó a que tomaseis este camino tan arriesgado en vuestras vidas?

No lo definiríamos como “arriesgado” aunque a lo mejor sí puede resultar un poco radical. Yo, Patri, había visto en internet personas que vivían sin generar nada de basura y me daba envidia porque de alguna forma (consciente o inconscientemente) siempre me ha molestado muchísimo. Le propuse a Fer a hacer lo mismo y, como al principio estaba un poco indeciso, dejamos la idea en reposo un tiempo. Simplemente teniendo la idea de dejar de utilizar plástico desechable en mente, nos dimos cuenta de lo usábamos mucho más de lo que queríamos pensar. Así que un día tomamos la decisión de empezar a ver hasta dónde podríamos llegar.

Fue algo consensuado por los dos? ¿Hubo reticencias por alguno de vosotros?

Fue algo consensuado y comenzamos a hacerlo juntos pero Fer tardó un poco más en decidirse. También es justo decir que se le da mejor que a mí (Patri) y que me gana todas las apuestas que hacemos sobre el tema.

¿Existen momentos duros, en los que estáis a punto de tirar la toalla y volver a un estilo de vida no tan complicado, aunque ciertamente más perjudicial para nuestro entorno?

La verdad es que no. Una vez que cambiamos nuestra rutina, ya lo hacemos de una forma natural y sin esfuerzo. Si en algún momento tuviésemos que retroceder en algo, tampoco habría problema, no se trata de hacerlo todo o nada, simplemente en reducir tu consumo de plástico de usar y tirar.

Para ser sinceros, nos encanta la idea de no volver a pisar un supermercado, ha sido una especie de liberación.

Vuestra manera de enfrentaros a la problemática del abuso de plástico, va más allá de simplemente no usar bolsas de plástico para hacer la compra, contarnos a los lectores en que facetas de vuestra vida familiar habéis hecho cambios?

Hemos hecho cambios en casi todo porque si te fijas, lo normal es utilizar plástico desechable para prácticamente todo.

La gran mayoría de productos los compramos a granel. En la cocina, guardamos todo lo que compramos en tarros de vidrios reutilizados, hemos cambiado el papel de cocina por trapos, los estropajos por luffa y cepillo de cerdas vegetales y el lavavajillas lo compramos a granel en la última botella que gastamos.

En el baño, utilizamos pastillas sólidas de jabón y champú en vez de utilizar los formatos líquidos, las cremas las hemos sustituido por aceites que compramos en vidrio, hacemos nuestra propia pasta de dientes, desodorante y enjuague bucal, los cepillos de dientes los compramos de madera y hemos sustituido las maquinillas de afeitar desechables por una reutilizable. El resto de cosas nos hemos dado cuenta de que realmente no las necesitábamos.

La filosofía “cero residuos y en  la que os inspiráis es la que el “mejor residuo es el que no se produce”. Sin embargo, no pensáis que si ya supone un esfuerzo al cambio para muchas familias hacia el reciclaje en los contenedores municipales, ¿este tipo de comportamiento va a ser poco seguido?

Cada vez hay más gente que sigue este estilo de vida. Creemos que se debe a que hay muchísimas personas que están cansadas de que todo venga sobreenvasado en plástico. Llegas del supermercado y sólo desenvolviendo alimentos puedes llenar una bolsa entera de plásticos. No tiene sentido y cada vez de hace más evidente.

Es verdad que algunas personas pueden prescindir más fácilmente del plástico que otras pero todos podemos reducir la cantidad que usamos. También es cierto que es un tema que a algunos nos toca más que a otros y no todo el mundo está dispuesto a bajarse del carro de la supuesta “comodidad” que vende el plástico pero es inevitable. Hacen falta más campañas de concienciación para que se convierta en un hábito a nivel general, como se hicieron con el ahorro de agua o luz en las casas.

Otro muro que puede frenar a muchos en su cambio de actitud es la cuestión de los precios. Los productos que no utilizan envases que no son de plástico, como los de vidrio son por lo general un 5-10% más caros.

Es cierto que es una creencia generalizada lo de que vivir así sale más caro pero todo depende de la forma de consumir de cada uno. No depende de cambiar un envase por otro, sino de cambiar de hábitos. Si estás acostumbrado a comprar marcas blancas, empezar a comprar a granel, puede parecer más caro pero si compras marcas, los precios se igualan bastante. De todas formas, hay tantísimas cosas que dejas de comprar (productos de limpieza, cosméticos, desechables,…) que acaban saliendo las cuentas.

¿Qué medidas se pueden tomar desde los poderes públicos para reducir sustancialmente el consumo del plástico además de las que se van imponiendo como el cobrar las bolsas de plástico?

Creemos que ningún envase debería salir al mercado sin saber que se podrá reciclar, dónde y cómo. Y eso debería regularse, al igual que el sobreenvasado de los alimentos. Otra medida que nos parece muy útil para acabar con el plástico abandonado es el sistema de retorno, consiste en cobrar un pequeño depósito con cada envase y cuando el cliente lo devuelve se le da el dinero de vuelta. Así se evitaría que se abandonasen botellas y latas por cualquier sitios.

Existe una tendencia al abuso del envasado de alimentos (sobre todo fruta cortada) lo cual supone un derroche en materia prima no biodegradable, ¿cómo puede la persona de a pie, dejar de entrar en esta dinámica impuestas desde los grandes comercios?

Con un cambio de hábitos. Puedes prepararte la fruta cortada en casa y llevarla al trabajo, por ejemplo. O si estás en la calle y te apetece algo de fruta, puedes optar por elegir otras frutas que puedas comer fácilmente sin necesidad de cubiertos como los plátanos, mandarinas, manzanas, uvas, etc. Estamos acostumbrados a tener lo que queramos cuando queramos sin preocuparnos por el desperdicio y contaminación que eso conlleva. No se trata de hacer sacrificios, simplemente pequeños cambios que nos ayuden a vivir de una forma más sostenible.

¿Consideráis la necesidad de introducir un cambio en el sistema educativo para frenar en cierta medida el consumismo o al menos racionalizar este,  para inculcar desde la infancia hacia un gasto más responsable de plásticos.

Sí, creemos que es esencial inculcar el cuidado por el medio ambiente desde los colegios. No sólo porque los niños son el futuro sino porque son muy receptivos y muchas veces son ellos los que reeducan a los padres.

Existe una tendencia, sobre todo en el mundo anglosajón de hacer docurrealitys en los que personas anónimas se graban durante un periodo de sus vidas para a modo de denuncia, concienciar a una parte de la sociedad en cuestiones como la comida basura o el maltrato animal por parte de las industrias cárnicas. Contarnos algún proyecto que tengáis para hacer un poco de campaña sobre este modo de entender la vida.  

No hemos pensado hacer ningún reality pero sí nos encantaría comenzar un canal de youtube en la que expliquemos esta forma de vivir.  Ahora mismo estamos escasos de tiempo, pero de aquí a unos meses esperamos empezar a grabar videos.

Por último, ¿pensáis que este movimiento del “zero waste” es algo residual? ¿Conocéis en persona a individuos, familias o asociaciones que lo sigan?

Sí, conocemos a personas que siguen este estilo de vida pero queremos dejar claro que el “zero waste” no es una meta, es un camino, se va incorporando poco a poco y cada uno en su medida. No es como decir “hasta que no te quepa toda tu basura en este tarro no eres zero waste”. En realidad el residuo cero absoluto no existe, todos tenemos un impacto y el objetivo es reducirlo al máximo posible en la medida en que nuestras circunstancias nos lo permitan.

Llega el momento de concluir este post. Observo mi entorno más cercano. La habitación iluminada por una lámpara, la bandeja portadocumentos, la carcasa del portátil, el teclado que suavemente están finalizando este escrito. Todo ello con material plástico (entre otros). A continuación, cogeré la ropa para embarcarme en otra maratoniana sesión de gimnasio. Hago un repaso mental de la equipación necesaria: la camiseta técnica (poliéster), el pantalón (poliéster con elastan), la mochila (plástico) y por supuesto la tarjeta de acceso al centro (plástico). Lamento no encontrar una escusa para este atentado a la biosfera. Lamento no poder tener más conciencia pese a ser un blogero-comprometido-con-Gaia….Sin embargo, algo en mi ha cambiado y mi boca dibuja una tibia sonrisa. Ahora, soy consciente del daño ambiental en el que podemos incurrir por no dar el valor que se merece a una simple bolsa de plástico.

[AGRADECIMIENTOS: Mi más sincero reconocimiento a Patricia y Fernando, dos activistas de la filosofia “0 plásticos” cuya forma de vida ha de seguir inspirando a muchos más. Su trabajo se puede seguir a través de la página http://vivirsinplastico.com/ Una visita realmente obligada para todos aquellos que quieran iniciarse en este camino # La fotografía ha sido amablemente cedida por los entrevistados y se corresponde con el plástico usado entre el 2016 y 2017]

 

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